Aparecen en revistas, programas de televisión, pantallas de cine, publicidades y diarios. Siempre impecables, con cabelleras que brillan más que el sol, pieles que no ostentan ni la más mínima imperfección y cuerpos que parecen tallados.
A la moda y esbeltos, las estrellas de la alfombra roja han acostumbrado a las audiencias a un estereotipo de belleza que la práctica comprueba inalcanzable. Allí están, todos los días, Lindsey Lohan, Pamela Anderson y Beyoncé inundando las pantallas con sus siluetas O KM, sus increíbles curvas que parecen no enterarse de que la celulitis es un mal que aqueja al 90 por ciento de las mujeres adultas, sus rostros inmaculados... ¿Qué hay de verdad en todas esas imágenes? ¿Qué posibilidades hay de que un ser humano sea el prototipo de la perfección hollywoodense las 24 horas del día, los 365 días del año?
A la moda y esbeltos, las estrellas de la alfombra roja han acostumbrado a las audiencias a un estereotipo de belleza que la práctica comprueba inalcanzable. Allí están, todos los días, Lindsey Lohan, Pamela Anderson y Beyoncé inundando las pantallas con sus siluetas O KM, sus increíbles curvas que parecen no enterarse de que la celulitis es un mal que aqueja al 90 por ciento de las mujeres adultas, sus rostros inmaculados... ¿Qué hay de verdad en todas esas imágenes? ¿Qué posibilidades hay de que un ser humano sea el prototipo de la perfección hollywoodense las 24 horas del día, los 365 días del año?
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